Posible origen del Mus

Posible origen del Mus

Escrito el 05/07/2016
Félix G. Modroño


La primera referencia escrita que existe sobre el mus data de 1745 cuando Manuel Larramendi lo mencionó en su Diccionario Castellano-Bascuence-Latín. Así pues, parece lógico que ya años antes debía de jugarse en las tabernas vascas. Lo que ya no resulta tan evidente es cómo nació exactamente, pero es muy posible que fuese un viejo tahúr quien estableciese las reglas del mus, un juego compendio de todos los anteriores para terminar siendo genuino y el más grande de todos los juegos de naipes.

El mus toma reglas de los viejos juegos, tanto de los lícitos como de los de estocada (en los que se apostaba fuertemente): en la pechigonga se daban cuatro cartas a cuatro jugadores y con ellas se envidaba o pasaba; en el rentoy y en el truque también se envidaba y se hacían señas (algunas fueron adoptadas por el mus); en el reinado lo que más valían eran los reyes; en el juego de los cientos se quitaban los treses y las cartas más valiosas eran los ases, como en el rentoy lo eran los doses; en la báciga había que formar la cuatrinca (cuatro cartas iguales) o formar un catorce (dobles parejas); en el cacho, como en la báciga o las treinta, el objetivo consistía en sumar treinta y una. Así pues, es razonado deducir que estos juegos del Siglo de Oro fueron el germen de nuestro querido mus.

En cuanto a su denominación, es muy posible que en sus orígenes el mus fuese bautizado con algo parecido a musuz musu (cara a cara, en euskera) y que con el tiempo se acortara el nombre.

Tiene el mus, sin duda, una enorme simbología a través del número cuatro. Ya en tiempo de las pirámides, la esfinge poseía cuatro secretos: saber, osar, querer y callar, cualidades que ha de tener cualquier muslari que se precie. Cuatro son los jinetes del Apocalipsis, los puntos cardinales o los Evangelistas. Y cuatro jugadores son los que se reparten cuatro cartas para lidiar en cuatro lances: grande, chica, pares y juego.

No parece que haya habido una evolución significativa del juego desde que nació, hace más de trescientos años, hasta nuestros días, más allá de las variedades que existen en las distintas regiones de nuestra geografía. En suma, existe un juego que hemos heredado de nuestros ancestros en el que no siempre gana quien mejores cartas tiene y en el que se pone sobre el tapete no dinero, sino el honor: el viejo juego del mus.

Félix G. Modroño